CANTAR DE PLAYA PERLA
CANCIÓN DE LA PARTIDA
Mil jóvenes de valiente
corazón puro y honrado,
armaduras relucientes,
cuerpos fuertes y lozanos.
Se reunieron en la Perla
llevándose a su caballo.
Zarparon en las galeras,
sin distinción de vasallo.
Partían a defender
su puro honor castellano.
Honor, fuerza y más orgullo;
no había en ellos pecado.
Navegaron más de un mes
sin pensar en el pasado.
Un soldado que no lucha,
es hombre desperdiciado.
Ni el más cobarde de todos
se sentía angustiado.
Así eran de valientes
los soldados de que hablo.
CANCIÓN DE LA TORMENTA
Cuan cambiante puede ser
la mar en su villanía,
pues al igual que asesino
no sabe de cortesía.
Rayos y truenos cayeron
sobre la flota cautiva,
luchando ya con motivo
sólo de salvar la vida.
Fue del triste cuarto mes
el oscuro quinto día
cuando hasta el último hombre,
la vida en la mar perdía.
Al siguiente día el Sol
vanidoso relucía.
Sólo maderas flotando…
Todo pareció mentira.
Y así es como muy a pesar
de no mostrar cobardía,
acabó la que en su tiempo
fue la más gran maravilla.
CANCIÓN DE LA VIUDA
Cada mañana aparece,
figura calma y serena.
La viuda la llama el pueblo,
quien no comprende su pena.
Largas tardes de verano
pisando la tibia arena
y atisbando al horizonte,
esperando ver su vela.
Muchos años ha pasado
sola sufriendo su ausencia.
Partió en busca de oro y gloria
y el buen mar le hizo su presa.
Se marchó altivo y seguro,
con posado de soberbia
Mas ai pobre historia!
No acabó sino en tragedia.
Cinco galeras partieron
y ninguna volvió a tierra.
¿Qué pudo pasar con ellas?
Nadie sabe la respuesta.
Mientras, ahí sigue la viuda,
sin saber a ciencia cierta
el destino de su amado.
Esa duda la encadena…
Si cierra los ojos nota
como la parca se acerca.
La acaricia tiernamente
y su frío cuello besa.
Ha llegado ya el momento
de partir de Playa Perla.
En el corazón pesar
y en los ojos una venda.
El mar arrastra su cuerpo,
Más brillante que una perla.
Resalta en el océano
Su vestido de turquesa.
El mar que se la quitó,
le retorna ahora la fuerza.
Si primero fue el amado,
ella es la nueva presa.
Así narraba la historia
que fue escrita para ella
y para cuya belleza
no existe en el mundo lengua
digna de hacer ser eterna.
Y así es como el mar dio cuenta
de su último capricho,
que aquí honro con mi letra.
Onué, 14/08/2011
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