A LA LUZ DE UNA VELA
A la vacilante y trémula luz de una vela
y con la poca fuerza que a este cuerpo aún le queda,
escribiré la obra última sobre mi vida
para que en el frío tiempo no quede perdida.
De pobre familia mas noble y gran espíritu
formo parte desde que nací y lo viví in situ,
educado siempre para el arte por la ciencia
he aprendido con los años a tener paciencia.
Fuego de juventud recorre mis fuertes venas
avivado y alimentado siempre por penas.
Como fiero tornado cada día me alzo,
dispuesto al mundo enfrentarme desde que me calzo.
Así es el yo joven y sigue siendo el adulto,
aunque no ya tan crédulo y sin ansias de indulto.
Por del tiempo el flagelo grabado en carne viva
sé que hay momentos en los que mejor me reprima.
Aún así jamás he perdido mis ideales
y he acarreado consecuencias fatales
Hasta arrastrarme con esfuerzos a la vejez,
la que sí me ha cambiado, y mucho esta vez.
Por el paso del tiempo al final he comprendido
que ni de viejo mis ideales he perdido,
pues ha sido la cruel e impiadosa vida
quién los ha sonsacado del alma mía.
Desnudo de emociones, pasión y dinero
tranquilo y sereno a la muerte espero.
Mientras veo como arde y se consume la vela,
repaso y ágilmente escribo mi vida entera.
Onué, 17/08/2011